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lunes, 18 de junio de 2018

Elecciones en México: carambola en el infierno


Elecciones en México: carambola en el infierno

Por Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)

En la situación desesperada en que nos encontramos,
enfrentados a una falsa elección, deberíamos reunir
el coraje y simplemente abstenernos de votar.
Abstenerse y empezar a pensar.”

Slavoj Zizek, con motivo de la elección francesa
de 2017 entre Marine Le Pen y Emmnuelle Macron

En el elegante mundo del billar, el pináculo de la habilidad son las partidas de carambola a tres bandas. En ellas, los jugadores hacen que el golpe de la punta de un taco de madera impulse una bola de marfil sobre una mesa rectangular forrada de paño verde. El objetivo del juego es que la bola referida toque tres lados de la mesa antes de golpear dos bolas perdidas en aquella pradera en miniatura. La carambola sólo cuenta cuando la excéntrica secuencia de colisiones se cumple a pie juntillas. Se trata de un derroche de precisión, un alarde de concentración geométrica, un desafío para pulsos de acero finamente templado.

Infierno por Pieter Huys
Jorge Volpi, en su artículo publicado el 31 de mayo en el País Votar en el infierno, consigue una carambola propia del vago de secundaria que entrena su brazo con esmero en algún antro de mala muerte: "no es esta una elección ideológica: por primera vez se vota por tres candidatos conservadores, que van de la visión social anticuada de AMLO a la derecha católica de Meade —y a la ultraderecha de su candidato a la Ciudad de México—, con Anaya como paradójico pivote".

En efecto, es posible argumentar correctamente que el talante católico y tradicional de José Antonio Meade (o del infame Mikel Arreola) y la conocida reticencia de AMLO a apoyar abiertamente causas como las del matrimonio igualitario, la legalización del aborto o la despenalización del uso recreativo de la mariguana, denotan una dimensión conservadora en las campañas de dichos candidatos. El conservadurismo del “pivote” Anaya queda poco claro en las líneas de ese artículo de Volpi, aunque posiblemente es explorado implícitamente en un texto previo del mismo autor publicado en Reforma el 19 de mayo: El hablador.

Sin embargo, el conservadurismo no sólo puede leerse en clave cultural. Un conservadurismo mucho más fundamental reside en el hecho de que ninguna de las tres propuestas tiene intenciones serias de enfrentar a los grandes poderes económicos y políticos que oprimen a la vasta mayoría de la población en México. Ni Meade se rebelará contra la tecnocracia de la que ha formado parte por tanto tiempo; ni Anaya traicionará a la exótica combinación de políticos y empresarios que lo apoyan; ni AMLO es ninguna amenaza para la hegemonía capitalista y criminal que asola al país. Al parecer hay otro candidato en la boleta: uno de patas de oro y de papel, bronco a más. Como éste no es un ensayo de suertes ecuestres, potrillos y palenques, dejaré que la temporada de jaripeos dé cuenta de él.

La elección de este año se da entre candidatos cuyas posiciones y proyectos conservan el régimen de desigualdad e injusticia que prevalece en nuestro país. Es una elección entre candidatos, sirva el oxímoron, radicalmente conservadores: un conservadurismo mucho más profundo y lamentable que cualquier especificidad cultural. Vale la pena abundar en esta premisa.

El experimentado

Cuando uno desinstala el montaje de funcionario honesto y preparado de José Antonio Meade, lo único que queda es una inteligencia más bien elemental que aprendió a operar una lista de recetas dogmáticas primero en el ITAM y después en Yale, universidad norteamericana en la que el candidato priista ─que dice no ser priista─ obtuvo su doctorado. Meade no es más que un eficiente miembro de esa élite privilegiada que se prepara en las universidades de la Ivy League para difundir en sus países de origen el neoliberalismo, un credo con base mucho más ideológica que científica.

Aunque los “estudiados” siempre han inspirado admiración y respeto, uno de los efectos de ese neoliberalismo es que buena parte de la gente se apantalla: suele pensar que el gobierno es una cosa sólo de expertos con conocimientos técnicos acreditados con series de diplomas como estampitas de colección. Por el contrario, los posgrados y títulos no garantizan mucho más que la disposición y condiciones propicias que tienen las personas para seguir programas académicos. En el caso particular, es evidente que además lo Doctor no quita lo Meade. La torpeza del tecnócrata lo lleva incluso a defender su “experiencia” en los gobiernos que han llevado a México ya no al despeñadero como lo dijera AMLO, sino al abismo.

En todo caso, lo más relevante en el conservadurismo de Meade es que profesa una ideología en que la mano oculta y fantasmagórica de la libertad de mercado es lo único que debe moldear el destino de los pueblos. Es una ideología profundamente conservadora en que la realidad sólo se puede entender en términos de propiedad privada, competencia libre, e individuos como meros consumidores de bienes y servicios. El presidente y el Estado en su totalidad lo único que deben hacer es planificar técnicamente las condiciones de competencia para dejar que los mercados actúen libremente.

Los propagandistas y defensores de esta corriente tienden a hablar en esa jerga insustancial llena de datos que le escuchamos a Meade, en donde índices como los de inflación, crecimiento, competitividad o eficiencia son lo único que importa. La educación, la salud, el territorio, la cultura o la libertad sólo son deseables si se les inserta en el mercado. Todo lo que interfiera en la libertad de mercado lo distorsiona y debe entenderse como una especie de maldición populista. El resultado general es que se sacrifica la política como espacio de creación de lo colectivo en el altar de la economía de mercado: los sindicatos, las comunidades autónomas, las asociaciones de vecinos o estudiantes, los movimientos sociales en general son sólo un estorbo que hay que cooptar o erradicar de ser posible.

Esta forma de pensamiento conservador no ha derivado en otra cosa que en injusticia y desigualdad, especialmente en los países pobres en los que se ha implantado.

Quizá es comprensible que, en un contexto en que buena parte de los funcionarios del partido que lo postula están involucrados en casos de malversación de fondos o tráfico de influencias, se promueva a Meade como un “experimentado” y “honesto” funcionario. Sin embargo, si aplicamos “honestidad” y “experiencia” a alguien que ha trabajado en regímenes que han exacerbado la explotación en sus formas más salvajes en México, entonces ya podemos sacar ambas palabras de cualquier diccionario de la decencia política.

El chico maravilla

El mismo Volpi describió a Anaya con bastante precisión como un hablador. Volpi y otros comentaristas certeramente han señalado que detrás de toda esa gala y elocuencia nunca queda claro qué es lo que piensa o siente el candidato. Parece, con toda su pulcra exactitud, un androide ejecutando algoritmos específicamente programados para las elecciones.

Sin embargo, centrarse en cómo se entienden o perciben los gestos o mensajes de un candidato es psicologizar demasiado la política. Es como si lo más terrible de Anaya fuera su deficiente capacidad para conectar de verdad con la gente y no las condiciones políticas que permiten líderes como él.
No podemos pecar de ingenuidad: si no se percibe algo auténtico en Anaya no es porque le falte tomar algún curso sobre autenticidad frente a las cámaras. Todo lo contrario: Anaya se ha entrenado a conciencia desde el principio. Seguramente ganó de niño todos los concursos de oratoria de la primaria. Desde joven se suscribió a cuanta revista de comunicación social encontró y, ya maduro, perfeccionó su técnica de persuasión al nivel de los vendedores experimentados. Si alguna cadena de ventas como Liverpool o Sears lo hubiera reclutado antes, Anaya habría hecho una honorable carrera como vendedor estrella. Nada se le escapa: aunque lo más probable es que nunca haya comprendido la pasión de libro alguno, leyó muchos para que no lo agarraran en curva cuando le preguntaran cuáles son los tres libros que marcaron su vida.

No, el problema no es que no sea auténtico, sino que el performance que observamos es lo que Anaya auténticamente es. Ricardo Anaya en la superficie, que es el único fondo que posee, no es otra cosa que uno de esos engendros de la simulación y el cinismo que tanto abundan en la política mexicana. Aliado por años del mismo gobierno que ahora combate, Anaya respaldó, por ejemplo, en su momento las reformas energética y educativa, hoy evidentemente impopulares. A juicio de Anaya, dichas reformas son necesarias, pero han sido mal implementadas por el gobierno priista. Aun concediendo que fueran necesarias, cualquiera se pregunta por qué el chico maravilla denuncia ahora con tanto ardor tan deficiente aplicación de las reformas, mientras mantuvo un silencio cómplice y sonriente hasta antes de su campaña. Las preguntas se multiplican. ¿Por qué Anaya no acusó de corrupción a Enrique Peña Nieto durante un sexenio en que más bien se le vio colaborar de buen grado y aplaudir con entusiasmo la torpe gestión del priista? ¿Por qué Anaya no denunció en su momento la guerra contra el narco de su entonces jefe Felipe Calderón Hinojosa que acabó con decenas de miles de mexicanos? ¿Por qué Anaya no tronó de indignación contra los gasolinazos y ahora propone reducir el precio de la gasolina? ¿Por qué Anaya tuvo que esperar a la campaña para sentir nacer dentro de él al rebelde que, ahora dice, siempre fue?

La respuesta a esas y otras preguntas es obvia. Su rebeldía es el simple disfraz necesario para distanciarse en la percepción de una clase política desprestigiada con la que siempre ha estado de acuerdo. Ciertamente su actuación es envidiable. Inteligente encarnación del sueño y aspiración de millones de mexicanos que compran la idea del joven güerito, rico, políglota y hábil en el discurso, Ricardo Anaya se pavonea fresco y cool por universidades privadas y televisoras. Con todo ello, Anaya no se aleja un ápice del mismo conservadurismo que caracteriza a Meade. Ambos son miembros de clases privilegiadas que nunca abandonan el poder a menos que se les arranque de él. Ambos están dispuestos a defender los intereses de los grupos a los que pertenecen y que han encontrado un nicho cómodo y propicio en el neoliberalismo en boga.

Es cierto que el joven maravilla ha sido objeto de una persecución judicial por parte del gobierno federal en estos meses, pero eso no quita que Anaya sea hoy lo que siempre ha sido: un sofista en la peor acepción del término. Ése que esconde la verdad, que le da vuelta a la pregunta, que esconde los argumentos detrás de 40 diapositivas, una cita de Einstein y una retórica que parece haber estudiado todas las posibilidades. No parece; de hecho Anaya las estudió: siempre hace la tarea por triplicado.

Es decir, con toda su aplicación, Anaya no es más que un farsante: es el Chanfalla de Cervantes que vende maravillas con su retablo de pueblo en pueblo; el Loki de Los Vengadores que vence a Thor a fuerza de palabras y espejismos; el merolico de la merced que vende pomadas de uña de lombriz en las esquinas. Un hablador, como dice Volpi. Sin embargo, se trata de un hablador especial. Anaya fascina con su labia de la misma forma que fascinan la rapidez de las manos del croupier clandestino afuera del metro o en alguna feria de pueblo. Con vértigo y agilidad esconde la bolita debajo de una de tres corcholatas: ahora la ve, ahora no la ve. Juras haberla visto y pones 200 pesos sobre la mesa improvisada. El croupier levanta una de las tres corcholatas para descubrir el inconcebible vacío: Anaya te deja sin desayuno...

El moralista

El caso de Andrés Manuel López Obrador es por supuesto más intrincado. Habría que empezar por reconocer que hasta junio del año 2018, la ventaja de AMLO sobre sus contrincantes es tan abrumadora que sólo un fraude de proporciones inauditas puede evitar que Andrés Manuel sea el próximo presidente de México. No es que sea imposible: el fraude electoral en México es casi tan característico de nuestro folclore como el mole o el tequila: ya sea porque se cae el sistema, algún líder sindical negocie con un candidato o se regalen tarjetas Monex. Sin embargo, parece que un fraude a estas alturas y en estas condiciones sería tremendamente costoso ―en términos de estabilidad social― para empresarios, militares y políticos interesados en conservar sus privilegios. Sobre todo cuando ya no es necesario efectuar tal fraude para asegurar la continuidad del sistema.

Como Jorge Volpi y otros analistas han señalado, el triunfo de AMLO está impulsado sobre todo por el enojo y la desesperación. Sólo por nombrar una de las salientes más dolorosas de nuestra realidad, México es hoy un país en ruinas cuya violencia en número de asesinados, desaparecidos y desplazados ya supera en magnitud la de la mayor parte de las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado. Lo más parecido al México del siglo XXI es un cadáver andante y oloroso similar a los de alguna mala serie de televisión de moda en estos días.

En este contexto de desolación, importan muy poco las discutibles virtudes del candidato morenista y su propuesta política. Lo que se expresa en la aplastante ventaja de AMLO, más que la adhesión y simpatía por el tabasqueño, es el voto de castigo en contra de un régimen que lleva décadas explotando a la población y que ha convertido a México en una fosa de proporciones aterradoras. El voto que le dará el triunfo a AMLO no es un voto ni por la república amorosa ni por la paz ni por la concordia; es un voto de rabia de un país que agoniza sin que se quiera admitir en voz alta. Es un voto de lo que en cierta forma se puede entender como una “política negativa”: un voto que escasamente implica la movilización de la gente más allá del marcado de la boleta del 1 de julio. El hartazgo puede generar reacciones; en sí mismo, no ocasiona movimientos sociales: no abre un nuevo horizonte de política.

AMLO, por su parte, ha sabido acumular la experiencia de sus dos candidaturas previas y consolidar un discurso político y una posición que le permite capturar el voto de todo ese descontento social. López Obrador ajustó bien sus redes para pescar, sin mucho esfuerzo, en un estanque casi seco, pero pletórico de desesperada vida acuática.

¿Qué fue lo que cambió en AMLO de manera tan eficiente para esta elección? La respuesta es simple, pero desalentadora. Muy lejos del luchador social que, pese a sus limitaciones, por décadas defendió la necesidad de trascender el pragmatismo y restaurar la ética en la política, AMLO es hoy uno de los mejores alumnos de Nicolás Maquiavelo. El autor florentino, como es sabido, en tono pedagógico y paternal instruye al Príncipe no para mejorar la vida de un pueblo ni mucho menos para liberarlo; sino sobre todo para conquistar y conservar el poder. La política entonces se reduce a decisiones pragmáticas con ese fin. En la mejor versión del maquiavelismo, si el fin es alcanzar el poder para transformar la sociedad para bien, entonces casi cualquier medio es legítimo. No importa si esos medios no son limpios, honestos o deseables; siempre queda el recurso de hacerse de la vista gorda. En el fondo, AMLO aprendió de Felipe Calderón Hinojosa la esencia del método maquiavélico con que éste lo derrotó en 2006: lo importante es ganar, “haiga sido como haiga sido”.

De manera paradójica, hoy cómo nunca, AMLO ha creado un discurso esencialmente centrado en la moral: el mal de todos los males es la corrupción. La solución a la tragedia que vivimos es que la virtuosa honestidad del presidente pueda filtrase desde arriba y purificar como una cascada de agua bendita el gobierno y la pirámide social. Los discursos dominicales de mi abuelita eran menos moralistas y por supuesto menos mentirosos. No hay forma de que por la mera virtud de un presidente se erradique la corrupción de un gobierno; mucho menos de una sociedad. Más aún, hay evidencia empírica de lo contrario. Baste un ejemplo: concediendo la virtud de AMLO cuando gobernó el DF, resulta inexplicable que la policía y el sistema de administración de justicia siguieran corruptos, a la fecha lo siguen siendo.

En otra ocasión1 ya analicé, en tono de farsa, el pragmatismo extremo que ahora forma parte de la práctica política de AMLO. En este texto sólo enumeraré algunos de los principales aspectos que hacen de su candidatura una vía perfecta para conservar el statu quo.

  • AMLO ha reiterado muchísimas veces que no va a afectar los intereses de los grandes capitalistas de este país. Su principal operador y probable coordinador de gabinete, Alfonso Romo, se ha empeñado en convencer a los dueños de México de que AMLO no representa ningún peligro para sus intereses. Es decir, se ha comprometido a respetar las condiciones de privilegio en las que trabajan la mayor parte de las grandes empresas en México.
  • MORENA desde el principio abrazó la estrategia política de los partidos atrapalotodo: cualquiera dispuesto a trabajar con el líder puede sumarse a su proyecto. En especial si tiene poder político y aporta su influencia para conseguir votos para la causa. En este camino, MORENA ha recogido generosamente cantidades tremendas de cascajo: tránsfugas priistas, panistas, perredistas o cualquier clase de dudoso líder social. No importa si están acusados de las peores prácticas políticas: clientelismo, represión, compra de votos, fraude o tráfico de influencias. La lista a estas alturas es larga y sigue creciendo: desde partidos completos como el conservador Partido de Encuentro Social hasta cuadros mayores como Tatiana Clouthier, Germán Martínez o Esteban Moctezuma y un sinfín de pequeños oportunistas. ¿Esta gente brinca a MORENA porque se convencieron de la propuesta AMLOísta? No, lo hacen porque no encontraron en sus partidos espacio para sus ambiciones. MORENA les asegura prebendas, presupuesto y beneficios electorales. Por ejemplo, una representación legislativa como nunca habría soñado el conservador partido PES o una candidatura al gobierno de Puebla como no la esperaría Miguel Barbosa. De esa forma los políticos neomeorenistas se sitúan en puestos en donde pueden seguir obteniendo pingües ganancias y poder político.
  • AMLO se ha comprometido a no subir impuestos ni siquiera a los que obtienen más ingresos en México. Eso implica que los grandes consorcios y capitalistas que hacen todo lo posible por pagar los menos impuestos posibles seguirán acumulando recursos en plena comodidad.
  • López Obrador propone que para lidiar con la inseguridad y la violencia prolongará la estadía del ejército en las calles en una Guardia Nacional que coordinará también a otras instituciones de seguridad. A pesar de que Portugal, Holanda, Uruguay y otros países y estados de los Estados Unidos, han mostrado que la descriminalización de las drogas puede ser parte de una estrategia adecuada para detener la industria de la muerte derivada del tráfico, AMLO no se compromete a impulsar la despenalización de las drogas.
  • AMLO no se aleja del modelo extractivista de desarrollo. El ejemplo más claro es su empeño en centrar el desarrollo a partir de la venta de petróleo. Más grave aún es su disposición para impulsar la minería canadiense en el país, no obstante de que es una de las industrias más denunciadas por las comunidades afectadas2.
  • AMLO ha ofrecido reiteradamente no impulsar medidas judiciales contra quienes se hayan visto involucrados en crímenes o fraudes en los gobiernos previos.

Así pues, el proyecto de AMLO es profundamente conservador al no tener la intención de afectar los intereses de los principales capitalistas que explotan a México ni de modificar las condiciones de la industria de la muerte que ha hecho de nuestro país el drama que todos sufrimos. Además, AMLO no llega al gobierno solo: suena tremendamente improbable que el cascajo corrupto y la podredumbre reaccionaria que lo acompañan no terminen por hundir el barco.

Los defensores de la propuesta política de AMLO argumentan que tal pragmatismo maquiavélico es necesario pues “hay que ser realistas”. Uno de los más honestos e inteligentes defensores de AMLO, el muy respetable Doctor Lorenzo Meyer, lo explica claramente en ocasión de una entrevista, en febrero de 20183, en que analiza el cascajo político que MORENA acumula:

¿Se justifican todos estos movimientos Doctor?
--Usted lea a Maquiavelo y dígame si se justifica o no [...] Es una fórmula que el renacimiento italiano saca y dice: en política no se puede seguir la ética individual. [...] Maquiavelo le dice al Príncipe que hay que mentir, que hay que hacer todas las cosas que la ética personal dice que no.

Por supuesto, lo malo de entender así la política, es que el diagnóstico de la realidad de un realista de este tipo es tan bueno que él termina enamorado de ella. Cegado por su infatuación, el realista termina reproduciendo la corrupción que diagnosticó en la realidad. Dicho de otra forma, de nada sirve diagnosticar por décadas la mafia del poder si, para acceder al poder, uno termina vestido de sus mismas ropas.

En este sentido, es evidente que la amnistía que ofrece Andrés Manuel López Obrador debe entenderse de manera extensa. De ganar AMLO, Peña Nieto, Fox, Calderón, los gobernadores y ex-gobernadores y demás sátrapas de gobiernos previos no serán perseguidos ni castigados. Los jugosos negocios de Carlos Slim, Alfonso Romo, Ricardo Salinas y demás emporios capitalistas tendrán todas las ventajas para perpetuar sus reinados. La corrupción y la impunidad se conservarán, al menos, en las malas mañas de los correligionarios de AMLO. En concreto, la desigualdad y la injusticia se conservarán incólumes como esos amargos pepinillos que nadan en el vinagre de las latas de supermercado.

Lo que AMLO nos ofrece es una propuesta en la que, en el mejor de los casos, se distribuyen recursos ahorrados de la lucha contra la corrupción al interior del gobierno para dedicarlos a los sectores más vulnerables y empobrecidos de la sociedad. Una fórmula no distinta a un viejo refrito de los neoliberales que, ya desde sus inicios, postulaban optimizar el funcionamiento del Estado y dedicar recursos únicamente a sectores desfavorecidos. AMLO intenta convencernos de que el problema es la corrupción y no la estructura de capitalismo criminal que vivimos.

Su propuesta es un neoliberalismo moral: mejor administrado, pero igual de rapaz y conservador.


1
Ramírez Trrejo Luis. AMLO en milenio: la otra entevista. http://homovespa.blogspot.com/2018/03/amlo-en-milenio-la-otra-entrevista.html.
2
Rueda, Rivelino. El decálogo de López Obrador para enfrentar amenazas de Trump. Se puede consultar aquí: http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/lopez-obrador-presenta-decalogo-para-enfrentar-amenazas-de-trump.

3
La entrevista se puede consultar aquí: http://www.youtube.com/watch?v=82E_azifrvo




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jueves, 26 de abril de 2018

Rita Segato o el feminismo incómodo


Rita Segato o el feminismo incómodo

Apuntes para las Tribulaciones de un feminista insumiso.

La radicalidad del pensamiento suele ser incómoda, pero cultivarla posiblemente sea la única forma en la que las luchas políticas no terminan reproduciendo lo mismo a lo que intentan oponerse.

Dice la renombrada antropóloga feminista Rita Segato en su libro Las estructuras elementales de la violencia que al hablar de la violencia de género está obligada a referirse a «un "sujeto masculino" en contraste con "quien exhibe significantes femeninos", en lugar de utilizar los habituales "hombre" y "mujer" porque, a decir verdad, la violación -en cuanto uso y abuso del cuerpo del otro- no es una práctica exclusiva de los hombres ni son siempre las mujeres quienes la padecen.» En efecto, aunque "un sujeto identificado con el registro afectivo masculino suele ser un hombre, [y que] también es estadísticamente más probable que los significantes de la femineidad estén asociados a la mujer", las mujeres pueden tener perfectamente privilegios de machos patriarcales y los tienen en muchas circunstancias. Paralelamente, los hombres ―independientemente de su preferencia sexual― pueden desplegarse femeninamente y lo hacen, aunque son reprimidos y humillados casi siempre por otros hombres, pero también por mujeres.

La reflexión de Segato resulta fundamental en tiempos en que casi nunca se entiende que la lucha contra el patriarcado no es una lucha ni de las mujeres ni por la defensa de las mujeres; sino una lucha de todos por la defensa de lo femenino que se reconfigura en distintos contextos y por la igualdad de género, que es bien distinto. Un tiempo en el que no pocas corrientes feministas despliegan estrategias que, más allá de su dudosa necesidad coyuntural, terminan por confinarse en una identidad esencializada y acrítica, que se convierte en su propio límite y camisa de fuerza. La sororidad, la victimización exclusiva y monolítica de todas las mujeres, el lenguaje inclusivo, y la generación de espacios seguros en los que a cualquier hombre se le percibe y señala a priori como intromisión o franca amenaza, no infrecuentemente se ahogan en sus propias contradicciones y callejones sin salida.

A este respecto, el pensamiento radical de Segato corre en una vertiente mucho más aguda. Se trata de una perspectiva no centrada en la violencia hacia las mujeres como las víctimas por antonomasia de la violencia de género, sino en las estructuras globales que producen esa violencia. Es una posición sin concesiones:

"No podemos conformarnos ni por un instante con lo literal o lo que parece evidente por sí mismo; si lo hiciéramos, nos alejaríamos cada vez más de las estructuras subyacentes a los comportamientos que observamos.".

Su conclusión es escandalosa para el feminismo obsesionado en la diferencia existencial de opresión de las mujeres. En la entrevista en video en dos partes que se puede ver abajo, Segato concluye con respecto a la violación:

"La primera víctima del mandato de masculinidad es el hombre, no la mujer" y lo que se debe hacer es “instalar en la sociedad una conciencia de género [que nos permita ver] como las relaciones patriarcales nos hacen sufrir a los hombres y a las mujeres, principalmente a los hombres.”.

Las implicaciones de un pensamiento estructural tan riguroso son imprescindibles en un país con una tasa de feminicidios espeluznante y una de asesinatos violentos a hombres que se calcula unas siete veces mayor a la de los asesinatos violentos a mujeres. En todo caso, estos argumentos no pueden ser usados para desacreditar al feminismo pues las estadísticas de la crueldad son irrelevantes a la hora de guiar cualquier lucha política.

Lo importante es que, como Rita Segato, Judith Butler y otras feministas enseñan, la desigualdad de género es un problema estructural que no puede solucionarse desde esencias aislacionistas pues afecta a hombres y mujeres aunque los afecte de formas distintas. Es en esa consciencia en que es imprescindible superar la falsa idea de que las experiencias de opresión masculinas y femeninas son exclusivas de hombres y mujeres respectivamente. En todo caso, es falso que los seres humanos seamos vasos incomunicantes e incomunicables cualquiera que sean las categorías de género que se quieran usar.

La ventaja que ofrecen perspectivas como la de Segato y colegas es que no sólo permiten entender el sufrimiento que el machismo causa en los propios hombres y las mujeres, sino convocar a todos a una lucha conjunta en contra de este tipo de violencia. Una lucha que hombres y mujeres debemos dar no como víctimas resentidas unas y observadores condescendientes y pasivos otros―“aliados solidarios”, en el mejor de los casos; sino como plenos participantes de una lucha en contra de una opresión que nos está matando a todos. En última instancia, la única empatía que cuenta en la lucha por la justicia sólo es aquella en la que no sólo se convoca a la otra, sino en la que uno se encuentra a sí mismo en el dolor de la otra: en el dolor de todos.

No tenemos alternativa, otras luchas lo han mostrado: o luchamos juntos o nos van a matar por separado.



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jueves, 29 de marzo de 2018

AMLO en Homo vespa: la otra entrevista

AMLO en Homo vespa: la otra entrevista
Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)
Andrés Manuel López Obrador le dio la vuelta a la patanería y a la estupidez de Carlos Marín en la entrevista llevada a cabo el pasado 21 de marzo en MILENIO. También respondió con suficiencia y serenidad a la trivialidad del resto de los periodistas que participaron en dicha entrevista. AMLO es, desde hace mucho, el político profesional más talentoso cuando talento se entiende como la capacidad para seducir o negociar con fuerzas obsesionadas en destrozarte. Un verdadero maestro con unas tablas que Maquiavelo podría aplaudir. Es una lástima que AMLO fundamente su propuesta política en dos falacias indefendibles.



1) Toda posibilidad de transformación tiene únicamente dos vías: la electoral (que AMLO mañosamente refiere como “la pacífica”) y la armada. Hay muchas formas de transformar la sociedad de manera pacífica sin participar en las elecciones. En México, como en todo el mundo, abundan los ejemplos: el movimiento del 68, la sociedad civil organizada después del temblor de 1985, la huelga de la UNAM de 1999, el zapatismo, el Congreso Nacional Indígena. Aunque es cierto que el alcance de estos movimientos fue limitado y que algunas de sus corrientes decidieron actuar desde el gobierno u optaron por las armas, muchísimo de su impulso transformó la sociedad en múltiples ámbitos de manera pacífica sin pasar por las urnas. Por otro lado, en el mundo entero abundan los ejemplos de fuerzas opositoras que ganaron el gobierno por la vía electoral, sin que ello resultara en un cambio del régimen de injusticia. De hecho, la alternancia pendular entre partidos, sin que cambie nada para las mayorías, es el pan de cada día con que la democracia electoral sirve su aburrido menú en casi todo el mundo1. El más claro ejemplo de eso en México es la mal llamada transición democrática con la que la candidatura de Vicente Fox acabó con décadas de hegemonía priísta, con el único resultado de perpetuar el sistema de injusticia que desde siempre ha privado en el país.

2) Se puede llevar a cabo cambios reales para la mayor parte de la gente sin afectar a los poderes capitalistas de una sociedad. Esto es falso en cualquier parte del mundo; pero más en México, uno de los países más desiguales que existen. En México, un puñado de poderosos concentra el poder político y acapara la riqueza material; mientras que la mayor parte de la población carece de los medios para incidir en cuestiones públicas y para acceder a los recursos del país. Aunque hay muchas publicaciones que lo denuncian, baste una referencia a manera de ilustración: un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) establece que en México dos terceras partes de la riqueza en forma de recursos físicos y financieros pertenecen al 10 por ciento de las familias. De hecho, en este sentido el 1 por ciento de las familias concentran más de un tercio de la riqueza nacional2.

En este contexto, cualquier intento de justicia social o de distribución igualitaria forzosamente afecta al pequeño grupo que ha depredado, por décadas, a la mayoría de la población. Sostener que se pueden hacer cambios significativos sin afectar a ese grupo es no asumir los costos políticos de las intenciones de justicia social que se defienden. Nunca ha sido posible promover un estruendoso concierto de rock en una sala con 600 bebes dormidos sin que ningún caprichoso infante se despierte de su plácido sueño. De cumplir una propuesta tan contradictoria, es evidente que el destino del concierto es efectuarse sin saltos, sin gritos, sin rock, sin cantante, sin instrumentos musicales y finalmente sin concierto...

No es difícil percatarse de que esta domesticada actitud de AMLO es muy distinta a la de su candidatura en el año 2006. En aquel lejano tiempo, el hoy candidato de MORENA se daba el costoso lujo de “mandar al diablo las instituciones”. En ese entonces y en la actualidad, cualquier política a favor de las mayorías en México debe siempre mandar al diablo instituciones diseñadas para mantener el estado de injusticia imperante. No se trata de radicalidad, como se le acusó al tabasqueño, sino de mera consecuencia con la democracia cuando esta se entiende no como un sistema de mera asignación de cargos, sino de transformación social para el beneficio de las mayorías.
El alejamiento de AMLO de esa supuesta radicalidad es un movimiento necesario en la lógica electoral para acceder a la presidencia. Sin embargo, la experiencia internacional de la izquierda nos enseña que cuando lo moderado se modera, no hay nada que lo diferencie de manera efectiva de la derecha. Ese es el caso de AMLO: un candidato que ni en el 2006 fue revolucionario, socialista, comunista o siquiera cercano al mejor populismo de izquierda de Latinoamérica3, pero que al menos por mucho tiempo mantuvo un discurso de resistencia a la hegemonía económica. Los poderes capitalistas en México pueden estar tranquilos: AMLO desde hace años ha terminado por ser, en un ejercicio de moderación, franco aliado de esa hegemonía que tanto denunció. No es nada para celebrar: millones de personas de inmensa valía depositan en su propuesta política una esperanza de justicia destinada, con el triunfo de AMLO o de cualquiera de sus adversarios, al fracaso. Algo distinto tendremos que inventar.

Como un ejercicio de periodismo imaginario, género al que los escritores tenemos acceso sin importar si tenemos acreditación o si nuestro rating es descomunal, abajo les compartimos la transcripción de una larga entrevista que AMLO nos concedió con respuestas concretas y exentas de evasiones. Ha sido muy complicado transcribir el tan característico acento del tabasqueño, así que a cada una de las respuestas de AMLO, el lector debe agregar la parsimonia y el carajtarijtico ajento del peje, pero no lagarto (López Obrador dixit).

Buenas noches Andrés Manuel López Obrador. Es un gusto tremendo tenerte aquí en nuestro programa de Homo vespa. Si te parece vamos al grano sin dilaciones.
Buenas noches. Muchas gracias por la invitación.
Sobre la desigualdad
Uno de los principales problemas de México es la desigualdad. De llegar a la presidencia, ¿le quitaría los privilegios a los imperios capitalistas que encabezan Slim, Azcárraga, Germán Larrea, Roberto Hernández, Alberto Bailleres y otros?
No. Mi estimado Alfonso Romo se está asegurando de que los capitalistas comprendan que no voy a atentar contra ninguno de sus intereses. Cuando goberné la Ciudad de México trabajamos con muchos de ellos. Los hicimos mucho más ricos de lo que eran y ellos ayudaron a incrementar mi popularidad.
¿Se da cuenta de que eso tuvo muchas consecuencias negativas? Implicó, entre otras cosas, la expulsión de mucha gente de sus lugares de residencia, debido a la gentrificación de la Ciudad de México.
Pues sí. Hubo zonas que se volvieron muy caras; pero, el Centro, la Colonia Roma, la Condesa, el Sur de la Ciudad son ahora lugares bellísimos para invertir y visitar. En todo caso, las ciudades son para quien pueda pagarlas.
El Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (CAM)4 ha publicado varios reportes en donde documenta que, para cubrir el costo de la canasta básica, el salario mínimo debería ser al menos tres veces mayor. ¿Usted triplicaría el salario mínimo y obligaría a las grandes empresas a pagar muchos más impuestos para redistribuir la riqueza?
No. Eso atentaría contra las ganancias de las grandes empresas; si lo hago, esas empresas me van a derrocar.
Para reducir la desigualdad, ¿reduciría el salario de cualquier funcionario, incluyendo los de alto nivel, a unas 10 veces máximo el salario mínimo?
No, nadie trabajaría en el gobierno si no existiera la promesa de volverse al menos un poco rico. Además, yo mismo gano unos 50,000 pesos al mes de lo que me da MORENA más las regalías de mis libros. Con trabajos me alcanza para tener una que otra propiedad y vivir decentemente.
La mayor parte de los mexicanos no tienen propiedades o las deben pagar con décadas de trabajo...
Sí, es terrible ser indecente...
Sobre el ejército y la seguridad
¿Sacará al ejército de las calles?
No, lo pondré en coordinación con otras entidades en una Guardia Nacional.
Es decir que en el fondo seguirá con la política de seguridad militarizada inaugurada por Felipe Calderón Hinojosa
Así es. En este momento no tenemos otra opción.
Esa política ha traído muchos problemas de violación de los derechos humanos por parte de elementos del ejército. ¿Juzgará a los militares involucrados en crímenes?
No, el ejército en México disfruta de impunidad.
Bueno, una alternativa a la militarización de la seguridad pública es explorar la descriminalización de las drogas. Es una medida que ha avanzado en muchas partes del mundo. ¿Usted impulsaría dicha despenalización en un mercado controlado acompañado de proyectos de atención a la adicción?
No. En todo caso lo consultaría con la sociedad. Al final no creo que se pueda llevar a cabo. La sociedad mexicana es hasta más conservadora que yo...
¿Aunque sea la única medida que ha mostrado cierta efectividad para hacer algo contra el narcotráfico?
También es la medida más osada y este Peje nada entre olas, pero no las hace. Es mejor atacar las causas que hacen que los jóvenes se enrolen en el crimen organizado.
Supongo que se refiere a su propuesta de dar apoyos económicos a jóvenes. ¿En serio cree que para un muchacho pobre una beca mensual de poco más de 2,400 pesos o un salario de aprendiz de 3,600 pesos puede competir con las decenas de miles que ese muchacho puede conseguir de enrolarse en el crimen organizado?
No puedo saberlo. Creo que muchos preferirán las becas o el trabajo al riesgo que implica participar en el crimen organizado. Eso espero.
Otra posibilidad no excluyente, sería acabar con el tráfico de armas y de dinero ilegal. ¿Usted cerraría la frontera con EEUU al flujo de armas hacia México para detener la industria de la muerte del crimen organizado?
Me encantaría, pero no creo que pueda hacerlo. Hay mucho dinero estadounidense de los productores de armas de por medio y ellos son muy poderosos. Ese tigre yo no lo suelto...
¿Rastreará el flujo de dinero del crimen organizado y perseguirá a las industrias, bancos y políticos que lavan dinero?
No joven, se cae la economía de todo el país si hago eso. Hay sectores completos de la economía de México que dependen de una u otra forma del dinero ilegal. Mejor proponemos una amnistía y así, en una de esas, hasta ganamos inversores.
Es decir que usted está consciente de que no puede luchar contra el dinero proveniente de la industria del crimen.
No hay gobierno en el mundo que pueda hacerlo.
Sobre la corrupción
A propósito, se da cuenta que el dinero del crimen tarde o temprano acaba en la política. ¿Eso no implica que cuando el dinero ilegal llegue a su gobierno, éste sería, en todo caso, un gobierno corrupto?
No, soy Peje pero no lagarto. Si yo, como presidente, soy honesto toda la estructura del gobierno hacia abajo será honesta.
Eso no es cierto, cuando usted, que presume su honestidad, dirigió el DF el sector policíaco y el de la administración de justicia, por ejemplo, permanecieron corruptos. A la fecha siguen corruptos.
Eso fue un compló del Fondo Monetario Internacional.
¿Es mucho pedir que un candidato que siempre dice que acabará con la corrupción de veras la erradique? ¿Por qué?
Acá entre nos, porque mucha gente con la que tienes que trabajar puede tener negocios no muy inocentes. No puedes echarte a todos encima. Pero de eso no voy a hablar aquí.
Está bien. En Homo vespa no obligamos a contestar a nadie. Sin embargo, hablando de corrupción, el que MORENA se haya vuelto lo que se conoce como un partido atrapalotodo o, en términos de Luis Hernández Navarro, un Arca de Noé5que recoge a todo político oportunista ¿no es una forma de corromper al partido?
No veo por qué.
Pues porque consolida el hecho de que los políticos son vividores profesionales que saltan de partido en partido para buscar hueso. ¿Promoverá mecanismos para que esto no suceda?
No, MORENA está llena de políticos así y los necesitamos para llegar al poder.
¿No le cobrarán nada cuando llegue al gobierno: cotos de poder, un puesto en el senado o en el gobierno?
Sí, pero no tengo de otra. Las elecciones se ganan con apoyo de personas o colectivos que mueven grandes cantidades de votos. Uno hace pactos para tener esos votos sin comprometer la santa esencia del partido. Así fue, por ejemplo, nuestro pacto con el Partido Encuentro Social (PES).
Pero eso significa que por más que quiera transformar las cosas, sus compromisos y contradicciones con sus aliados pueden arrastrarlo.
Ya te lo dije: no hay otra forma de llegar al poder.
En todo caso, eso también implica que usted trabaja con las mismas prácticas clientelares del PRI, PAN, PRD y el resto de los partidos.
Claro que no. Acá las siglas son distintas.
¿Llamará a ciudadanos capaces no morenistas a hacer gobierno?
Quizá a alguno pa' taparle el ojo al macho; pero primero están los que me han apoyado. Ellos merecen un puesto. Así propuse mi gabinete, por ejemplo. La lealtad también se cobra.
¿Después de todas sus respuestas todavía le podemos creer que acabará con la corrupción?
Siguiente pregunta.
Sobre las reformas educativa y energética
¿Echará atrás la reforma energética?
Sí quiero, pero no es seguro que pueda. Necesitaría el apoyo del congreso para echarla atrás. No creo ganar los dos tercios necesarios para lograr la mayoría en el congreso.
¿Entonces qué va a hacer con esa promesa de campaña que ha defendido por más de una década?
Diré que haré consultas sin especificar las formas. Revisaré los 92 contratos existentes y, si puedo rechazar o corregir algún contrato sin molestar mucho a los empresarios, lo haré.
¿Echará para atrás la reforma educativa?
Sí, no es una reforma educativa, sino una reforma laboral. Toda reforma educativa tiene que hacerse con los profesores y no a costa de los profesores.
En eso estamos de acuerdo, pero ¿si sabe que los sistemas de educación media superior y superior que usted impulsó en el DF tienen graves problemas de egreso y de inserción laboral?
Sí lo sé, pero no es culpa de los profesores.
Claro que no es culpa de los profesores, tampoco de los estudiantes; pero mientras no se cambié la educación de manera integral, es decir, involucrando a padres, estudiantes, profesores, comunidades, presupuestos y medios de comunicación será muy difícil hacer algo por los jóvenes mexicanos que casi siempre tienen desventajas educativas mayúsculas.
En eso tienes razón.
Y eso no se soluciona sólo con becas, sino con proyectos educativos integrales.
Bueno sí. ¡Ah qué lata contigo!
¿Tiene alguna propuesta?
Así de botepronto, no.
Por ejemplo, ¿le quitaría la concesión a las televisoras que tanto daño, al menos en el ámbito educativo, han hecho a México?
No, ya tengo un pacto de no agresión. Yo respeto sus intereses y ellas no me hacen tanta guerra sucia.
Minería
¿Cancelará las concesiones mineras?
No. De hecho como ya dije en mi decálogo de acciones contra la política de Trump debemos “lograr una mayor inversión de las empresas mineras canadienses en México, con salarios justos y cuidado del medio ambiente”6
¿Se da cuenta de que las mineras canadienses son justo las que más han sido señaladas como negocios en cuyos desarrollos unos pocos se llevan la mayor parte de la ganancia y destrozan el medio ambiente?
Puede ser pero, ya lo dijiste tú, habría desarrollo y empleo. Eso es más importante.
¿Se refiere a desarrollo capitalista?
¿Hay otro?
Comunidades y autonomía
Hablando de eso de las mineras, muchos proyectos mineros están en territorios indígenas. ¿Promoverá el manejo autónomo de los bienes comunes de pueblos y comunidades en contra de los megaproyectos capitalistas?
No, no podemos dejar que las comunidades manden sobre esos recursos. Hay muchos proyectos posibles de desarrollo ahí.
Entonces ya más en forma ¿cumpliría los acuerdos de San Andrés?
Me gustaría, pero depende también del congreso y eso, como ya dije, no está en mi control. Además, como te decía muchas comunidades viven en lugares que les interesan a proyectos de desarrollo. En ese sentido habría que revisar los acuerdos de San Andrés, pues son excesivos.
Peje, el Neoliberal
Parece que de ser presidente, lo que podría y querría hacer en casi todos los ámbitos es muy distinto a lo que la gente espera de usted. ¿Eso no le parece una forma de traición?
Pues si la gente me apoyara en serio podría hacer algo más profundo.
¿No cree que la gente le apoye en algo más fuerte?
La verdad no. El pueblo mexicano es bien bonito, pero a lo más apoya con su voto. Los que están dispuestos a hacer política en las calles, las escuelas, las instituciones son mucho menos. Además, no es seguro ni siquiera que esos estén conmigo.
¿No alcanza?
No, no alcanza. Los intereses de los capitalistas son enormes.
Sin cambios profundos, su gobierno terminaría siendo muy parecido al de un gobierno neolibreral estándar, ¿no cree?
Honestamente sí, pero no lo digas tan fuerte que nos puede reclutar la mafia del poder.
Ya que usted no es lagarto, ¿Es usted Peje, el neoliberal?
Bueno, eso suena poco pragmático. Es aún más largo que Pejelagarto
Pero más preciso...
Puede ser...

1.Puede parecer sorprendente pero la democracia electoral no es la única forma de entender la democracia, aunque sí la más popular. Son muchos los críticos de la democracia electoral; para el caso específico del México actual, remito al lector a mi texto: La política de lo posible, Alain Badiou y el fraude a la democracia.
3Es posible defender que los gobiernos del llamado ciclo latinoamericano en Argentina , Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil, entre otros, abrazaron alguna forma del populismo de izquierda teorizado por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en textos como Hegemonía y estrategia socialista y La razón populista. Ha pesar de los esfuerzos del intelectual morenista Héctor Díaz Polanco, AMLO siempre se ha desmarcado o ignorado tales influencias. El lector interesado puede ver un buen programa sobre populismo de izquierda en latinoamérica en Fort Apache.-¿Cambio de Ciclo en América Latina?

4http://cam.economia.unam.mx/category/li/salarios/

5http://www.jornada.unam.mx/2017/03/14/opinion/016a2pol


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