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sábado, 14 de julio de 2018

¿Por qué intentar obligar a los zapatistas a estar en una foto que no desean?


¿Por qué intentar obligar a los zapatistas a estar en una foto que no desean?


A propósito de las declaraciones del padre Alejandro Solalinde y del activista Omar García Velásquez con respecto al triunfo de AMLO y la oposición zapatista, les comparto un fragmento del ensayo en proceso: “Sin pensamiento no hay esperanza” por Homo vespa.

Es el chantaje el que explica las acciones, después de la victoria de López Obrador, de activistas como el padre Alejandro Solalinde y Omar García Velásquez, para tratar de obligar al EZLN a colaborar con el gobierno obradorista bajo el argumento de la imperiosa necesidad de una unidad nacional alrededor de un “presidente amigo”1.

El movimiento zapatista es parte de nuestros logros en nuestra lucha social, pero ya no tiene sentido aislarse con la idea de todo o nada. 30 millones no se equivocan. Busquemos juntos la transformación nacional.”. Alejandro Solalinde en Tweeter el 9 de julio del 2018.

Sin embargo, ¿el ejercicio de la autonomía en territorios zapatistas no es más bien un logro fundamentalmente de ellos mismos? ¿No es al menos mezquino, cuando no impertinente, arrogarnos algo de esa conquista? Y sobre todo, en rigor, ¿por qué 30 millones de mexicanos no habrían podido equivocarse al votar por AMLO? ¿Porque son muchos millones? ¿Eso quiere decir que los más de 19 millones que eligieron a Peña Nieto tampoco pudieron equivocarse? ¿Y los casi 63 millones de votantes que eligieron a Donald Trump estuvieron en lo correcto? ¿Qué hay de los más de 17 millones de votos que en 1933 llevaron a Hitler al poder?

No: pensar la política y la democracia en términos meramente cuantitativos no solo es falaz sino insostenible. Nadie sabe a ciencia cierta si los mexicanos que votaron por AMLO se equivocaron o no, pero ello no se sabrá por el mero conteo de votos. El número de votos determina quien gana; no si es correcto que gane. Si agregamos que Solalinde ha sugerido que el problema es que los líderes y asesores del EZLN pudieran estar “administrando el zapatismo”, es evidente que estamos ante un intento de descalificación de un movimiento a partir de la premisa de que sus integrantes son simples títeres de la necedad de sus líderes.

En todo caso, independientemente de lo que decidan o contesten los zapatistas, que nunca han necesitado ni defensores ni voceros externos, es evidente que tienen todo el derecho de considerar que el proyecto amloísta no corresponde a sus afectos y expectativas políticas. No son los únicos. ¿Todos los que no coincidimos, desde la izquierda, con el entusiasmo amloísta no somos más que “aislacionistas”? ¿No es esa descalificación una forma de deslegitimar al interlocutor por anticipado?

La descalificación a priori es con frecuencia uno de los primeros pasos de la coerción política. Una de sus formas más perniciosas es cuando se envuelve en una supuesta apertura democrática que, en realidad, es una imposición: si hablan con nosotros son demócratas; si no, están en contra del pueblo mexicano y son simples sectarios. Se trata de una actitud no muy distinta a la velada amenaza del priismo de antaño: “el qué se mueve no sale en la foto”

En ambos casos, el objetivo es plegar a todo actor político al campo de una posición única que detenta el poder. Es lamentable que el amloísmo, al menos una parte, no ejerza el mismo respeto a la disidencia que la izquierda siempre ha demandado.


Este trabajo forma parte del proyecto Homo
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