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martes, 13 de marzo de 2018

Flores en el Desierto

Flores en el desierto


Rocío Moreno: Nunca más un México sin nosotras

Reportaje elaborado por Desinformémonos publicado en
 Homo vespa con la anuencia de la dirección del medio original. 

Presentación

Rocío es una historiadora de Mezcala, Jalisco, que desde pequeña adivinó la lucha de su comunidad por defender su territorio. Es hija de Rosa: una enfermera que estudió y trabajó cuando ambas cosas estaban casi prohibidas para las mujeres. Con una larga trayectoria en el Congreso Nacional Indígena, Rocío es hoy concejal por parte del pueblo coca de Mezcala en el Concejo Indígena de Gobierno. Cuando aún existía la posibilidad de que Marichuy apareciera en la boleta electoral de las elecciones de este año, Rocío ya dejaba claro que la transformación de la sociedad en que vivimos no se puede lograr a través de que una persona, por muy virtuosa que sea, gobierne el país; sino con un cambio que transforme de cabo a rabo la estructura de todo el sistema:

“Si Marichuy gobierna a México seis años, a nosotros no nos va a servir de nada. El CNI eso lo tiene claro, porque no es una cuestión de buenas voluntades. No basta con que las personas que llegan a gobernar este país piensen bonito. Por lo que nosotros estamos peleando y lo que estamos denunciando es que esta estructura ya no sirve. Por eso el voto no significa nada."

La historia de Rocío Moreno en el proyecto “Flores en el Desierto” es la de la memoria cifrada en una serie de claves inevitables con las que crece el tiempo de la rebeldía que, por supuesto, no se cuenta en años. Una memoria que le da vida al pasado de los que aman a su pueblo, a su familia, a su tierra; incluso a su lengua ya extinta, que aún en ausencia, late en la boca resuelta de los que, al no olvidar, crean.


Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)



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Tenía siete años cuando fue a la cabecera municipal de Poncitlán, Jalisco, y se sentó a comer unos tacos en un puesto callejero. Su tío la regañó y ella no entendió. Más tarde su mamá le explicó que su tío la estaba protegiendo, pues no quería que le dijeran nada y la lastimaran. Ella siguió sin entender. ¿Por qué le iban a decir algo sólo por sentarse en un puesto callejero? Sucede que los indígenas de Mezcala ni a eso tenían derecho. “No había una ley, nada, pero ya estaba en la cabeza de nosotros, nos habíamos apropiado de la idea de que ése no era nuestro lugar. Y mi tío tenía miedo de que me maltrataran”.
Rocío Moreno, con sus 34 años, es de las de mayor experiencia dentro del Congreso Nacional Indígena. Su nombramiento como Concejala a nadie sorprendió, pues su trayectoria como defensora del territorio es larga como la enorme trenza que le cae sobre la espalda. Nació, creció y vive en Mezcala, la única comunidad que queda en la ribera del Lago de Chapala, el más grande de México. A su pueblo le han negado todo, incluso su origen coca, el cual sólo se reconoce si de racismo se trata, como cuando, hace seis años, trabajó como maestra en la Universidad de Poncitlán y algunos maestros lamentaron que “una india de Mezcala fuera a dar clases”.
La ley estatal de Jalisco señala que Mezcala no es una comunidad indígena, “aunque nosotros no somos iguales a los vecinos”, señala Rocío, quien organiza desde hace diez años talleres de historia comunitaria con el fin de que los niños conozcan y se sientan orgullosos de su pasado. “Nos han hecho creer que ser miembros de un pueblo originario es una vergüenza. Nos dicen que es sinónimo de que estamos contra el progreso, que somos unos tontos, que no tenemos una visión, que nos gastamos el dinero en las fiestas”. Por eso en los talleres desde niños conocen “la otra historia”, la suya, la de los indios insurgentes que defendieron la isla de Mezcala de los españoles y nunca se rindieron.
Mezcala, comunidad pequeña que con sus 5 mil habitantes es prácticamente la única que queda en los alrededores del Lago de Chapala, ha vivido siempre de la pesca y de la agricultura. Tiene dos islas, una de ellas centro sagrado y corazón de la cultura coca. Aquí nació doña Rosa Moreno, madre de Rocío, hija de Locadio Moreno y nieta de Tomás Moreno, personas a las que la gente recuerda por su participación en la lucha por la recuperación de tierras de principios del siglo XX.
La historia de Rocío no se explica sin la de su madre, mujer alegre y combativa, enfermera de vocación y profesión. Una mujer peculiar que se rebeló a todo y no siguió los patrones impuestos. “La generación de ella, hombres y mujeres que hoy rondan los 70 años, casi no estudió. Ella lo hizo y además fue madre soltera, mamá y papá de todos sus hijos”.
Rocío creció en reuniones en las que sus abuelos, mamá, primos y tíos hablaban de la defensa del territorio y la importancia de mantener a la comunidad. Siempre decían, “lo que ustedes tienen de tierra y esta casa se debe a que mucha gente luchó atrás”. La niña Rocío comprendió desde entonces que la tierra es una herencia, un derecho, algo que les corresponde.
Doña Rosa ejerció la enfermería durante 33 años en el Seguro Social y en el Hospital Civil viejo, al oriente de Guadalajara, y por eso su hija creció y estudió en una colonia de la zona. Los fines de semana y en las vacaciones regresaban a la casa del pueblo, que siempre estaba llena de comuneros y de familia, por lo que nunca se sintieron lejos.
Para Rocío la vida era la laguna. No había agua potable, luz eléctrica ni carreteras. Ir de Guadalajara a Mezcala era como trasladarse a otro país. Los juegos de niña transcurrían alrededor del lago, igual que la comida y la conversación. “La gente se metía a la laguna y sacaba los cántaros de agua para tomar y cocinar, pues no estaba contaminada. Toda la vida estaba puesta ahí. Nosotros nos montábamos en un árbol, un ciruelo, y era la única forma de divertirte. Ni siquiera había dulces, pura fruta. Una infancia libre, en la que ni siquiera recuerdo que cerráramos una puerta de la casa”.
En Guadalajara vivían en Tetlán, una colonia popular del oriente de la ciudad habitada por mucha gente originaria de Mezcala. “Yo no sentía mucha diferencia porque era una colonia que no estaba pavimentada, y aunque sí había servicio de luz y de agua, el que hubiera mucha gente de la comunidad hacía que la viviera como si fuera una extensión, pues aquí se reproducía la vida comunitaria, incluyendo el sistema de cargos tradicionales”.
Una parte de la primaria la cursó Rocío en Mezcala, viviendo con sus abuelos, y la otra en Tetlán. La familia caminaba al paso de la madre, por lo que se movían si a ella la cambiaban de hospital, para estar cerca. Cuando terminó la preparatoria, su madre se jubiló del Seguro Social y se regresó de tiempo completo a Mezcala, pero Rocío se quedó en Guadalajara, pues decidió estudiar la licenciatura en Historia, carrera que eligió porque quería conocer los orígenes de su comunidad y “pensé que en la universidad me enseñarían”. En la comunidad existe una sensibilidad por la historia, la gente guarda libros sobre su pasado y documentos. El Título Primordial lo guarda la gente en sus casas y lo rotan como si fuera un santo. Por eso Rocío quería profundizar en la historia.
Los cinco años en la Universidad de Guadalajara fueron definitivos en su formación política. Ahí empezó a escuchar de colectivos y foros sobre el zapatismo. La información que le llegó de las comunidades indígenas de Chiapas, recuerda, “me hacía pensar en mi comunidad”, por lo que empezó a llevar revistas y documentales para que la gente tuviera más información. “Así formamos un colectivo. Nos juntábamos para leer, para hablar o para ver videos de zapatismo”. Era el 2001 y Rocío tenía 19 años.
En una tele pequeñita, en blanco y negro, de ésas que también tenían radio, la pequeña Rocío vio un programa sobre los zapatistas. Le preguntó a su mamá por qué los estaban asesinando y doña Rosa le respondió que “porque peleaban por la tierra, como tu abuelo, como tu bisabuelo”. Y se le quedó grabado. Así es que cuando volvió a escuchar sobre ellos en la Universidad, la información cayó sobre blandito. Con el colectivo que formaron en Mezcala los agarró el 2005, año de La Otra Campaña, iniciativa convocada por los zapatistas. “En ese momento nos fuimos para Chiapas y lo primero que nos preguntaron fue que dónde estaba nuestra asamblea y nuestros comuneros, nuestro gobierno tradicional. Tuvimos que ir hasta Chiapas para saber lo que había en nuestra comunidad, ahí entendimos que la defensa de nuestra comunidad no la podía hacer un colectivo, un individuo, sino el gobierno tradicional. Y entendimos que nuestro trabajo estaba en la propia comunidad, que la mejor manera de luchar era haciendo el trabajo en casa y reconociendo todo lo que teníamos”.
El paso siguiente fue participar en las asambleas del pueblo y después, por decisión de los comuneros, ingresaron como asamblea de Mezcala al Congreso Nacional Indígena (CNI) y a La Otra Campaña zapatista. “En ese momento ya no era el colectivo, sino la comunidad, y fue un paso muy importante”.

Talleres comunitarios para recuperar la historia y la identidad

La primera parte de la entrevista con Rocío transcurre en el patio de la casa materna, a un año de la muerte de su madre. Ella, una mujer fuerte, no puede evitar resquebrajarse ante el recuerdo de su progenitora. Su admiración es tan infinita como su recuerdo. “Cuando terminé la carrera, regresé a Mezcala a vivir con mi mamá, y empezamos el trabajo de los talleres de historia, sobre todo con niños y con jóvenes. No me cabía en la cabeza que tuve que haber ido hasta Chiapas para darme cuenta de lo que había en la comunidad. Pensé que nuestro trabajo era informar y empezamos a hacer talleres de historia de la propia comunidad en las calles de los nueve barrios. Eran más diálogos. Íbamos con la gente mayor del pueblo y ellos empezaron a contarnos lo que había pasado años atrás y por qué la importancia de conocerlo”.
Escucharon, para aprender su historia, a don Agapo Baltazar, que ya falleció, a don Salvador de la Rosa, a Martín Enciso, “y a mujeres que, aunque no eran comuneras, nos permitieron recoger las historias”. Una de ellas fue María de los Santos, conocida como María Machetes, porque siempre hablaba de la importancia de recuperar las tierras. Los mayores “empezaron a ver que jóvenes de la comunidad se interesaban por lo mismo, se abrieron y trabajamos con ellos”, recuerda esta historiadora que no encontró en la Universidad lo que ya existía en su pueblo.
En el Colectivo Mezcala estaban Jacobo Manuel, Adelo Robles, Mario de los Santos, Silvestre Claro, Paula Pérez, Leonor, todos jóvenes de entre 17 y 20 años, más los “viejos”, de entre 30 y 40 años. Cuando llegan al CNI, los comuneros ven que la lucha por el reconocimiento de la isla y del territorio comunal, que ya llevaba entre 40 o 50 años, era las misma que libraban otros pueblos, algunos avanzados en la construcción de sus autonomías y asambleas. Y se sintieron identificados. La visita de dos comandantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a Mezcala “fue un momento de cambio, pues a partir de entonces los comuneros abrieron la puerta de la casa comunal a mujeres, hombres y jóvenes que no fueran comuneros. Se entendió que la lucha la tenía que cargar la comunidad, no ellos solos, para poder recuperar las tierras que tenemos invadidas”.

| Antes de que empezáramos a escribir la historia de nuestro pueblo, los historiadores decían que los insurgentes de Mezcala habían sido vencidos por los españoles, y nosotros dijimos noAntes de que empezáramos a escribir la historia de nuestro pueblo, los historiadores decían que los insurgentes de Mezcala habían sido vencidos por los españoles, y nosotros dijimos no |


Los comuneros les dijeron, “muy bien, éntrenle, pero y ustedes qué saben hacer”. Rocío respondió que había estudiado Historia y que podía armar talleres sobre la historia comunitaria de Mezcala, “pero que necesitaba que me ayudaran a construir el contenido”. Y así empezó el trabajo con los mayores. Todos hablaban del Título Primordial de Mezcala y de la insurgencia. “Veíamos a alguien cortando chayotes, le ayudábamos a deshojar y por ahí le preguntábamos que si sabía lo que había pasado en la isla y pues ya nos contaba. Fueron meses en los que grabamos a mucha gente y se empezó a recuperar todo. Al final, cuando empezamos el primer taller, ellos quisieron que la dinámica fuera leer el escrito de 14 hojas. Empezamos en las calles, la gente se sentaba afuera de las casas, alguien llevaba café, canela o pan y guardaban silencio mientras alguien leía. Pusimos los jueves y viernes a las seis de la tarde para reunirnos. Cuando se terminaba la lectura, la gente empezaba a preguntar o decía lo que se acordaba que sus papás le contaban o lo que tenía guardado. Todas esas historias se recopilaron durante un año. Lo que hicimos después fue un tríptico, lo llevamos a la asamblea de comuneros y pedimos que nos acompañaran a los nueve barrios de Mezcala”.
La cara de luna de Rocío se ilumina cuando recrea los talleres. No para. La parte más simbólica, cuenta, era cuando hablaba del pueblo coca. “Ninguno de nosotros lo sabíamos, pero vimos que la lengua originaria de Mezcala se perdió en el proceso de conquista. Los coca fueron uno de los grupos más golpeados. Los escritos de los franciscanos señalan que esta región tenía una diversidad lingüística impresionante y que no pudieron hacer lo mismo que en el centro o el sur del país, donde una lengua abarcaba la extensión territorial. Entonces lo primero fue explicarnos cuándo y cómo perdimos la lengua. Porque una cosa es decir, ‘voy a perder la lengua porque ya no me interesa conservarla o transmitirla’, pero otra es que a través de un proceso de conquista te despojen de esa parte esencial de la cultura”.
Su pertenencia al pueblo coca fue otro momento mágico. Existe un ritual en la comunidad para pedir un buen temporal que se hace en unas rocas conocidas como “La Vieja”, aunque aparecen en documentos históricos como “La Nona”. Son dos piedras grandes, una masculina y otra femenina, el viejo y la vieja. Cuando no hay lluvia para la siembra de finales de mayo, la gente se organiza para pedirle agua a La Vieja. Se le lleva agua y flores y la gente le canta y le reza. Se suben a ella, se vacía el agua y se le grita a Santa María de Soyatlán: “¡danos agua!”. Al final llueve y soluciona la sequía. “Este ritual lo describen los españoles, siempre refiriéndose al pueblo coca, a sus rituales, el comercio y la pesca. Cuando leíamos esas descripciones, la gente decía, ‘pues ése soy yo’. Era como leerte una descripción de ti mismo, te identificabas de inmediato. Eran momentos mágicos”. Se sabía de la pertenencia a un pueblo indígena, pero no al pueblo coca. “Por eso los talleres fueron fundamentales para apropiarnos de lo coca”. Lo indígena ya estaba.
Ahí se aclaró todo aún más para Rocío. Su lugar estaba en la comunidad y no en la ciudad, “no porque fuera malo, sino porque pensaba que de qué había servido estudiar en la universidad si no podía regresar algo a la comunidad, algo de lo poquito que pudiera hacer en mi pueblo”. La lucha zapatista le había permitido adentrarse a la historia de su pueblo “y ver de manera distinta a mi familia, a mis tías, a mi mamá, a mis amigos. Lo que descubrí fue que había una lucha en la comunidad y que esa lucha la van a disfrutar los hijos, los nietos, otra gente que va a contribuir. Muchos salen de aquí para sobresalir, pero qué es eso, qué es sobresalir. Tiene uno que abandonar esas ideas”.
La universidad, dice, le permitió entender “que no era lo que buscaba. Ahí hay conceptos y palabras que joden los procesos comunitarios. Antes de que nosotros empezáramos a escribir la historia de nuestro pueblo, los historiadores decían que los insurgentes de Mezcala habían sido vencidos por los españoles y nosotros dijimos no, que para nosotros había sido un triunfo, y lo argumentamos. Lo que se consigue en las universidades es eso, el discurso del poder y su visión. Pero tuve que estar ahí para ver que no era lo que yo quería”.
Rocío tiene una personalidad fuerte. No es extrovertida, aunque ella dice que sí. Es más bien seria. Con quien quiere. Hace de sus amigos una extensión de su familia y es famosa por su claridad. No le interesan las relaciones a medias ni quedar bien con nadie. En ese sentido, confirma, es “dura”, y a veces “hasta miedo me tienen”.
Se casó hace siete años con Chuy Pérez, un hombre de la comunidad que vivió su niñez como migrante en California, Estados Unidos. Para su fortuna lo deportaron “y a los dos añitos que regresó nos conocimos”. Duraron dos años de novios y se casaron por el civil en una ceremonia que Rocío recuerda como “una de las peores experiencias” de su vida, pues siempre ha considerado que son puro teatro.
El perfil de Rocío, sus salidas de la comunidad a la reuniones del CNI y ahora del Concejo Indígena de Gobierno, su trabajo político interno y la firmeza de su carácter no han sido problema para Chuy, quien es físicamente “como muy rudo”, lo que ayuda a que la gente no se meta con él ni critique la forma de vivir de su compañera. “Pero hay otras compañeras que participan y la gente les dice a sus esposos, ‘ah, oye, tu mujer anda por todos lados moviéndose’”.
Rocío tiene “suerte”. Pero pide que no se considere así, sino que el “apoyo” de la pareja se viva algún día como parte de la normalidad. “Le he dicho que no tendría por qué apoyarme, sino simple y sencillamente estar y ya. Y lo está. En broma le digo que socialmente está muy bien porque cuida a nuestra hija, pero falta más. Se trata de que lo haga sin que se considere una ayuda, sino algo que nos toca a los dos”. Con Chuy comparte la misma historia e identidad y “todo eso ayuda a que entendamos que estamos en lo mismo y que si tengo que salir es porque hay una lucha del pueblo, no un trabajo personal, sino de la comunidad”.

La isla, corazón de Mezcala, lugar donde se ganaron 28 batallas

Ubicada en la Ciénega de Chapala, la isla de Mezcala, corazón del pueblo coca, tiene una extensión territorial de 200 mil metros cuadrados. Y, como la comunidad, está llena de historia. Los coca perdieron la lengua pero no el territorio, las autoridades tradicionales, los bailes, las fiestas y los cargos. Y por eso se aferran a lo que les queda.
Rocío dice que no se puede entender a Mezcala sin sus dos islas, espacios sagrados y comunales del pueblo. “Aquí se dio una resistencia indígena desde el periodo poscolonial, en la que durante cuatro años peleó el pueblo contra el ejército realista”. Es un espacio, explica la historiadora, “que nos da orgullo e identidad”. Durante esos años fueron ellos prácticamente el último foco de insurgencia en todo el país, tal como indican los registros españoles. Fueron 28 batallas y ninguna perdieron los insurgentes. Sus armas eran piedras y hondas, y poco a poco fueron armándose con los cañones de ellos. Al final, el gobierno colonial tuvo que brindar un indulto para los insurrectos y negociar con los insurgentes para que pudieran tomar la isla. Una epidemia en el pueblo obligó a los rebeldes a aceptar la negociación con el ejército realista, a cambio de que les devolvieran el territorio y los liberaran del tributo. El armisticio se celebró el 25 de noviembre de 1816 y por eso, cada año en esa fecha, el pueblo de Mezcala celebra a sus insurgentes. La historia oficial narra este episodio como una derrota y borra la participación indígena, pero en realidad fue una victoria del pueblo.

| Tenemos que hacer visible lo que la historia oficial hace invisible porque es clasista, racista y narrada como les conviene |


Rocío Moreno es clara: “Tenemos que hacer visible lo que la historia oficial hace invisible porque es clasista, racista y narrada como les conviene. Por eso nosotros les explicamos a la gente que viene a la isla y a nuestros propios niños y jóvenes que fue una resistencia organizada y mantenida por los pobladores de la región, sobre todo los de San Pedro y Mezcala”.
Y la narran, dice, “para que sepan que la tierra es de ellos y hay que seguirla defendiendo”.
En el presente de Mezcala está la resistencia y la lucha por conservar su territorio. Para ellos la isla no es sólo un vestigio histórico, con su presidio y construcciones del pasado. La comunidad siempre ha estado ahí. Hay alrededor de 51 familias que en la isla cultivan sus chayoteras o que llegan a pescar. En 1971, el Estado mexicano le reconoció a la comunidad 3 mil 600 hectáreas de tierra comunal, pero no incluyó las islas dentro de la retribución de los bienes comunales. El gobierno tradicional peleó lo que les corresponde en la Secretaría de la Reforma Agraria y en 1997 ganaron la posesión.
La segunda parte de la entrevista con Rocío es justo en la isla. Salimos en lancha desde el embarcadero del centro y, al descender, muestra la reconstrucción de los edificios históricos que se hizo en el contexto del Bicentenario de la Independencia. Detrás del festejo, dice, “estaba un proyecto para privatizar esta área comunal, que consistía en la edificación de un museo y una caseta de cobro para que los visitantes pagaran por acceder a la historia de la comunidad”. Pero la comunidad se organizó, tumbaron la caseta y no lo permitieron. Ni la visita del entonces presidente Felipe Calderón pudo concretarse.

La invasión y el ataque de los empresarios

El otro conflicto de la comunidad es en tierra firme y es por la defensa de las 3 mil 600 hectáreas que le corresponden, codiciadas por caciques y empresarios. Mezcala se encuentra en una región turística que se ha convertido en el ombligo de la región. A unos kilómetros, siempre sobre la ribera del lago de Chapala, se encuentra la comunidad de Ajijic, ejemplo y modelo de la invasión y colonización actual. Es el lugar con mayor número de residentes estadunidenses en México, que a su vez es el país con más estadunidenses fuera de su país en el mundo. Aquí el segundo idioma es el inglés. El pueblo, por supuesto, ha cambiado su apariencia y cultura en los últimos 30 años. En otro Ajijic esperan convertir a Mezcala, la única que conserva el bosque. En los cerros de alrededor se levantan fraccionamientos residenciales de gente de México y de otros países que llega aquí a construir sus residencias de descanso. Mezcala sigue siendo un freno a ese desarrollo inmobiliario.
Hace 17 años, el empresario Guillermo Moreno Ibarra, socio de otros fraccionamientos en Chapala, llegó a la comunidad con un prestanombres y se posesionó de manera ilegal de alrededor de diez hectáreas de tierra comunal y boscosa.  “El invasor cercó el paraje de El Pandillo, por lo que la asamblea lo citó en la oficina de bienes comunales, pero no acudió. Los comuneros interpusieron un juicio por restitución de tierras comunales contra el empresario, y el prestanombres, que era de la comunidad, se posesionó en la parte boscosa, faltando a todos los reglamentos”, relata Rocío.

| Hace 17 años, el empresario Guillermo Moreno Ibarra llegó a la comunidad con un prestanombres y se posesionó de manera ilegal de alrededor de diez hectáreas de tierra comunal y boscosa |


Ahí inició el juicio agrario, que se convirtió en un juicio emblemático para los comuneros de Mezcala, pues “si entra él, entran todos. Y si sale él también se van a tener que salir todos”. El juicio inició en 1999 y en el 2009 se hizo el último peritaje. En el 2014 se dio la primera sentencia a favor de la comunidad, pero el empresario interpuso un recurso para que se volviera a revisar el caso. Una segunda sentencia volvió a dar la razón a la comunidad. “Esto es simple, no puede existir la propiedad privada en las tierras comunales”. Pero nada de simple ha sido la resistencia: intimidación, presos, burlas, división y conflicto son el saldo.
Actualmente, un grupo paramilitar del empresario hace guardia en las tierras invadidas. Son alrededor de 16 personas con el rostro cubierto con un paliacate o pasamontañas y fuertemente armados que impiden que alguien se acerque. “Buscan intimidar a la comunidad, pero hemos decidido no caer en su provocación. Han sido muchos años de estar en la lucha. Mucha gente a la mejor ha perdido la esperanza de recuperar esa tierra, porque dicen que no se puede ganar al rico y que el gobierno está de su lado. Después de 17 años algunos se han agotado, pero la asamblea de comuneros y muchísimos jóvenes que se han integrado desde los talleres de historia, las caminatas y los campamentos, están relevando a los que se cansan”, explica Moreno. Lo que se juega, insiste, no es sólo la tierra, sino además “la vida comunitaria y los lazos que se han construido por muchos años. No hay otra manera de ser autónomos que conservar el territorio”.

Sentí que mi vida se detenía

Además del uso de paramilitares, el empresario ha denunciado en dos ocasiones a miembros de la comunidad. La primera fue en el 2002 contra cinco comuneros, por secuestro. “En esa ocasión llegó a la casa comunal gritando y amenazando a la gente, y lo detuvieron en la delegación municipal”, acción por la que los comuneros estuvieron tres años procesados, aunque al final el juzgado penal dijo que no se podía llamar secuestro a la detención en una cárcel municipal.
La segunda ocasión fue porque en el 2011, aproximadamente a tres kilómetros de las hectáreas invadidas, construyó una represa para juntar agua y colocó un panel solar para que el agua pudiera subir a la tierra ocupada. “La asamblea fue y desmontó el panel porque significaba una segunda invasión. Y meses después se giraron once órdenes de aprehensión contra tres comuneros y ocho pobladores”.
Era tanta la resistencia de las mujeres de Mezcala, afirma Rocío, que “el empresario formó un grupo paramilitar de mujeres denominado Las Águilas de El Pandillo. Eran mujeres armadas que buscaban la confrontación con nosotras. El mensaje que quería mandar al pueblo era que si querías problemas u órdenes de aprehensión, entonces fueras con los comuneros y te organizaras”. Así de fácil.

| “Había dos personas que no se identificaron en una camioneta sin placas, me detuvieron y me esposaron”. Llegaron enseguida periodistas y hasta ese momento mostraron la orden de aprehensión |


Una de las once detenidas fue Rocío. En septiembre del 2011 se giraron las órdenes de aprehensión. Ella estudiaba en Guadalajara y policías investigadores le hablaron y la citaron haciéndose pasar por reporteros de un diario de la ciudad. “Había dos personas que no se identificaron en una camioneta sin placas, me detuvieron y me esposaron”. Llegaron enseguida periodistas y hasta ese momento mostraron la orden de aprehensión. Se la llevaron a la Fiscalía en Guadalajara y a la mañana siguiente la trasladaron a la cárcel de Ocotlán.
La experiencia fue terrible. “Sentí que mi vida se detenía. No podía entender qué tenía que estar ahí. Nadie me daba explicaciones. Sentí todo el poder del Estado. Estaba en sus manos, y en ese momento ya era lo que ellos quisieran, podían inventar cualquier proceso, decir lo que quisieran. Yo no era nada. Así me sentía”.
Se le acusó, sin averiguación previa, de daños a las cosas, igual que a los otros diez detenidos. No lograron acumular las pruebas y la tuvieron que dejar en libertad, aunque siguió procesada. Luego de siete años de una vida en los juzgados, los once fueron absueltos. Y hasta la fecha, todos, siguen luchando.

Después de las elecciones vendrá la tormenta, ya las nubes están cargadas

Con la llegada de la asamblea de Mezcala al Congreso Nacional Indígena, la comunidad fortaleció su lucha y conoció las de los demás pueblos del país. En noviembre del 2006 se llevó a cabo el Foro Nacional en Defensa de la Madre Tierra y la Autonomía de los Pueblos Indígenas en su comunidad, al que asistieron delegados del CNI de todo el país. Fue, dice Rocío, “una ventana para entender que no solamente era una guerra contra nosotros, sino contra todos los pueblos. Ahí la gente entendió que si defendíamos un pedazo de tierra, también teníamos que hacer una lucha nacional. No podíamos quedarnos con las cosas particulares”. El CNI, en definitiva, “nos permitió construir nuestro horizonte político. Ahí fue donde lo encontramos”.
Son 15 de sus 34 años los que Rocío lleva caminando con esta red nacional de pueblos, naciones y tribus del país, “espacio de análisis, reflexión y diálogo entre nosotros”. Conoce el movimiento, su recorrido y sus tropiezos. Los encuentros, explica, son “para hablar de las problemáticas de los pueblos en el país, de la forma en que están caminando para construir su autonomía y de cómo fortalecen las asambleas”. En 2016 el Congreso cumplió 20 años, “se hizo un balance de cómo estaban nuestros pueblos y vimos que el escenario era peor que hace 20 años. Han golpeado duramente a nuestros pueblos, a nuestras organizaciones y al país. Vimos que había cada vez más posesión, por ejemplo con las minas, que ocupan más del 40 por ciento del territorio nacional. Además de los miles de desaparecidos en nuestros pueblos, del desempleo, el despojo y los asesinatos de muchos compañeros del CNI”.
El escenario, en resumen, era peor, y “según nosotros, se va a poner peor aún, pues hay una guerra contra la humanidad, contra la vida, porque los ríos ya no son ríos, los cerros ya no son cerros, la lluvia la quieren programar y hasta el viento se quieren robar”. Por lo tanto, concluyeron, “es urgente pasar a la ofensiva y hacer algo más”. Rocío explica que el “algo más” es la organización “y sin ella probablemente perdamos todo, ahora sí”. Es muy probable, añade, “que esta sea la única oportunidad de mantener lo que tenemos, porque los niveles de despojo y exterminio son alarmantes”.
En este contexto, el CNI decidió, con el apoyo del EZLN, lanzar la iniciativa de conformar un Concejo Indígena de Gobierno, integrado por representantes hombres y mujeres de todo el país elegidos por sus pueblos, y con esta fórmula participar en el proceso electoral presidencial del 2018, “no para ganar, sino para visibilizar a los pueblos y llamar a la organización”. Rocío, Concejala coca, explica que “en esta iniciativa la apuesta es la organización y creemos conveniente utilizar el espacio electoral para que se escuche la voz de los pueblos”. El proceso electoral del 2018 “es el momento y el espacio, pero no la finalidad de esta organización”, aclara.

| El problema no es quién ocupe la presidencia, sino es toda la estructura. Eso es lo que tenemos que cambiar. Lo que estamos denunciando es que esta estructura ya no sirve |


La destrucción, dice, “no es un problema sólo de los pueblos originarios, sino un problema del país entero”. Se trata de una “guerra contra la vida” y por eso “la única forma de hacerle frente es organizándonos para que no puedan desaparecernos”.
“Después de las elecciones vendrá la tormenta”, vaticina Rocío. “Será cuando caiga todo. Ya vimos la nube, la cargada de agua, va a llegar el momento de la tormenta y si no estamos preparados, no vamos a sobrevivir”. Por eso la apuesta a la propuesta del CIG y de la vocera María de Jesús Patricio “es crear una alianza y organización nacional que enfrente al gobierno y a esta guerra que nos está destruyendo”.
No se trata, indica, “de ganar un proceso electoral, pues eso no nos va a resolver nuestros problemas. Si Marichuy gobierna a México seis años, a nosotros no nos va a servir de nada. El CNI eso lo tiene claro, porque no es una cuestión de buenas voluntades. No basta con que las personas que llegan a gobernar este país piensen bonito. Por lo que nosotros estamos peleando y lo que estamos denunciando es que esta estructura ya no sirve. Por eso el voto no significa nada. Nuestro país está lleno de fraudes electores, ellos ya eligieron quién va a gobernar a México los próximos seis años. Nuestra apuesta no es ahí, sólo pensamos que hay que tomar ese lugar, esa fiesta de los de arriba y, desde ahí, desmontar el poder denunciándolo. El problema no es quién ocupe la presidencia, sino es toda la estructura. Eso es lo que tenemos que cambiar. No sabemos cómo, porque ni siquiera hemos podido hablar con todos los sectores de esta nación. Por eso necesitamos escucharnos”.
El CIG, explica, está conformado por un hombre y una mujer de cada pueblo. Son 180 concejales en el país “y cada uno de ellos trae, además del compromiso que hemos aceptado para hablar con el pueblo de México, los trabajos de su comunidad”. Aunque la mitad son mujeres, el rol en esta iniciativa de ellas es predominante. En el recorrido de la vocera Marichuy por el país son ellas las que hablan, las que la reciben y cuentan la problemática de sus pueblos.
Rocío habla claro sobre el machismo al interior de los pueblos y de las organizaciones. Se refiere a la revuelta interna encabezada por las mujeres zapatistas en sus comunidades, en la que exigieron y ganaron el lugar que les corresponde. “Sería una pérdida de tiempo no hacer lo mismo que hicieron ellas, porque tenemos el machismo y el racismo inyectado en nosotros y éste es el momento para denunciarlo y cambiarlo”.
“Tenemos que sacar ventaja de lo que esta iniciativa nos permite ver”, dice Rocío, sentada en el centro de la isla de Mezcala. Y serena, advierte: “Nunca más un México sin nosotras

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lunes, 12 de marzo de 2018

Presentación flores en el desierto

Flores en el desierto

Mujeres del Concejo Indígena de Gobierno

Reportaje elaborado por Desinformémonos publicado en

 Homo vespa con la anuencia de la dirección del medio original. 






Ellas son como cualquiera de nosotras. Y no. Han vivido el racismo en su escala más infame. Les han negado historia, lengua y vestimenta, al tiempo que les arrebatan territorios, centros sagrados, ceremonias y recursos naturales. Empresas y gobiernos quieren sus aguas, sus montañas y sus vientos. Y ellas, hijas y nietas de mujeres guerreras, se atreven a vaticinar otro mañana para su pueblo y para el país entero, pues no hay día en que no pongan alma y cuerpo para defender lo que es de todos.

No son víctimas. Ni de poderes ni de costumbres. Pero sí están agraviadas. Desafían los destinos impuestos y han roto con tradiciones locales y globales para construir su propia historia. Son lo que son y lo que de ellas ha hecho la vida, dice Lupita, a quien los paramilitares le asesinaron a nueve familiares. A Rocío, Magda, Sara y Bettina, el gobierno las detuvo y encarceló por el delito de luchar y no dejarse, mientras que Gabriela enfrenta a la delincuencia marina, Myrna y Osbelia a la maquinaria que devora sus territorios, y Lucero a quienes les arrebatan sus plantas medicinales. Marichuy, sanadora y defensora, es su vocera y, junto a ellas y otras más, pone la vida para construir un mundo más bueno, uno donde, como dicen los zapatistas, quepan muchos mundos, y donde el que mande, mande obedeciendo.
Su corazón es comca’ac, yoreme, coca, binnizá, nahua, tsotsil, mazahua, maya y kumiai, aunque no todas guarden la lengua. Padres y abuelos aprendieron a no enseñar, como dice Myrna, para evitarles maltratos en escuelas y ciudades. A Magda, el levantamiento zapatista la hizo recuperar sus trenzas, su enagua y sus palabras. A Rocío la hizo saberse indígena, en un pueblo que el gobierno dice que no lo es.
Todas son integrantes del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), estructura creada por el Congreso Nacional Indígena (CNI) para visibilizar sus luchas y llamar a la organización de los pueblos, indígenas y no, en una iniciativa respaldada por el EZLN que se inscribe en el proceso electoral del 2018, pero que no compite en ese esquema. La toma del poder no es lo suyo. Van por más. Van por todo. Es su tiempo.
El CIG está conformado por más de 200 indígenas de todo México, mitad hombres y mitad mujeres. Son producto de la decisión colectiva del V Congreso Nacional Indígena anunciada en diciembre de 2016. Detener la destrucción y fortalecer resistencias y rebeldías es su horizonte, la autonomía su aportación.
Este trabajo presenta sólo diez historias en distintos formatos. Son ellas, sus pueblos y sus luchas en representación de muchas más, incluidas las no indígenas.
Flores contra el mal en tierra que se piensa infértil. Si su voz es nuestra voz, también nuestro es su destino.
Gloria Muñoz Ramírez / Desinformémonos

martes, 27 de febrero de 2018

Caralibro enero 2018

Caralibro enero 2018

Filosofía





2018, año de elecciones, es una oportunidad para leer y escuchar a Alain Badiou, uno de los filósofos más importantes de este siglo y consistente crítico de la democracia electoral.

“Para este filósofo francés la política debe entenderse como un proceso en el que, a diferencia de un simulacro, se crean verdades que le dan sentido a palabras como justicia o democracia en una comunidad concreta. Las elecciones en esta perspectiva no son política sino mecanismos de gestión de puestos de poder entre algunos privilegiados; el gobierno no es otra cosa que la institución que asume el ejercicio de poder pero no de la política.” La política de lo posible, Alain Badiou y el fraude a la democracia. 




Literatura

Pocos como Onetti con pluma tan generosa como para obsequiar palabras que duran entre las manos como una luz que se apaga sólo cuando dejamos de mirarla.
"Y si fuera una sola palabra, yo podría regalarla esta noche o mañana a Julita, cuando me pida, como siempre, que le deje una palabra que pueda durarle todo el día siguiente para irla gastando, como una vela"

***

Según Benedetti, ese poeta para Godínez con imaginación y dulzura, en tiempo de heladas basta con vestirse de desnudez para quitarse el sueño y el frío.


Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,


no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios, los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.



Música y poesía: la misma palabra

Nada para tiempos de miseria como la música y los poemas que arden. Gabriel Celaya dijo que "la poesía es un arma cargada de futuro". Alguna idea tendría sobre palabras que se disparan y versos que aún no llegan, un ingeniero comunista que luchó con los republicanos en la guerra civil española y recitó en tertulias con Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez.
Paco Ibañez nos arroja con su guitarra su versión de esa voz de la España que de tanto tocar su dolor aprendió a hablarle a la humanidad entera.
En las voces encontradas de Silvina Garré y Juan Carlos Baglietto, El témpano, del prolífico compositor argentino Adrián Abonizio, demora cualquier intento de claudicación.

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.


Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que [no] tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

El témpano

"A veces cuando pienso que todo está perdido
voy hacia alguna de las formas de la muerte
me pego un tiro con una palabra
que alguna vez me fue tan transparente.

En la ternura del agua que corre
me recuerdan la llegada de unos trenes,
sales de los mares, curvas de los puertos
con mujeres descalzas en el verde.

Voy hacia el fuego como la mariposa
y no hay rima que rime con vivir.
No te pares, no te mates
solo es una forma mas de demorarte.



En las tardes tranquilas

cuando extraño todo
pienso que todo no es lo que perdí.

Una rosa de feria
y aún a costa de perder
se pierde pero se gana
la lucha es de igual a igual
contra uno mismo
y eso es ganarla.

No te pares, no te mates:
sólo es una forma de más de demorarse.

Recuerdo la quietud de la tierra
la quietud de estar adentro
se cree más en los milagros
a la hora del entierro.

Este hombre trabajo
quien escribirá su historia
la cal reseca, la viuda que sueña,
los amigos que siguen igual
La gloria en zapatillas,
el florero vacío
quien sabe si se puso a pensar
para que vivo:
vivo para no perder.

Feminismo

Apuntes para las «Tribulaciones de un feminista insumiso»
Por Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)

Escribo esto como feminista, autor de ensayos y notas periodísticas que denuncian feminicidios y otras violencia patriarcales. Además de participe de marchas, mítines y demás expresiones en contra del patriarcado. 
Hace años que opino que el feminismo más visible de este siglo está anclado a un esencialismo de la diferencia que reduce a las mujeres a meras víctimas. Una condición inmejorable para la violencia patriarcal ejercida por hombres o por mujeres. En este panorama, buen número de feministas están siempre dispuestas a exigir su derecho a no ser dañadas sin reparar ni en los mecanismos que originan el daño (no sólo hacia las mujeres sino hacia todo lo que se configura como femenino) ni en la participación y responsabilidad de las mujeres en las distintas dimensiones de opresión que operan en nuestra realidad.
Una de las mejores reflexiones al respecto fue publicada por Alejandra Isibasi en estos tiempos de debate por la iniciativa #metoo y sus objetoras francesas con Catherine Deneuve a la cabeza. Me hubiera encantado escribir algo de tal calidad si hubiera tenido el talento o la valentía suficiente. Una reflexión crítica que, me parece, pudiera ser suscrita en buena parte por prominentes feministas como Rita Segato, Judith Butler o Avital Ronell.
Algunas citas especialmente lúcidas:
"El feministismo se basa en el discurso feminista, retoma su léxico, pretende reproducir sus valores y sus demandas, cuando en realidad es una reducción simplista y panfletaria del pensamiento feminista. Algunes ya lo han etiquetado como feminismo blanco, neoliberal, clasepudientero, prácticamente californiano, pero a decir verdad el feministismo no perdona clase, origen, creencias, preferencias ni condiciones. Quienes hemos defendido el feminismo, sin distinción alguna, hemos sido feminististas en momentos. Como su tono indica, el femini-st-ismo es el ismo del ismo: el dogma despiadado, ciego, sordo que nos instala en la zona de confort, la respuesta fácil e inmediata, la perorata.»

"En la actualidad se ha logrado reconocer que una mujer es oprimida y abusada por su sola condición de género –debido a esta mirada objetivizante y utilitaria– y ese es un logro social sobre el cual no habría nunca que dar marcha atrás. Pero habría que empezar a preguntarse hasta qué punto el hombre no ha sido también oprimido por su condición de género, porque se lo considera un instrumento para la guerra debido a su “naturaleza” violenta. Cabría considerar, por ejemplo, que así como las niñas son usadas para la trata sexual, los niños son enrolados en ejércitos, sicariatos y guerrillas que los desechan y los reemplazan con la misma indiferencia con que se ha tratado a las mujeres. Se espera que una mujer se conciba y se comporte como un objeto sexual, y luego se la llama puta; y se espera de un hombre violencia y fuerza física, y luego se lo llama bárbaro. Se ha logrado tipificar el feminicidio como delito, pero aún no se ha ido a la raíz del uso y abuso de la fuerza física masculina. Esta sigue siendo para muchos y muchas “natural”. El hombre es naturalmente visto como una máquina bélica y no como una herramienta del propio sistema que lo pone a matar (y ser matado). Miles de hombres mueren en las calles, y de forma muy violenta, y eso es socialmente aceptable (“porque así son los hombres”). Esta lógica de opresión, explotación y sometimiento, que usa a hombres y mujeres para sus fines, es heteropatriarcal y –en efecto– empodera el rol masculino (como quien carga una pistola de balas) para el control político, a la vez que invisibiliza las acciones y el punto de vista femeninos. Visto así, los hombres han sido las balas del cañón heteropatriarcal lanzadas contra otros hombres, mujeres, niños y niñas. La violencia de género siempre ha tenido la función social de oprimir a hombres y mujeres por igual (gracias feminismo, por evidenciar esto).»
El ensayo completo se puede leer aquí.

Denuncias

Asesinato de Guadalupe Campanur Tapia de Cherán, Michoacán

Según el reporte de Alejandra Guillén publicado en Proceso el 20 de enero, Guadalupe Campanur Tapia fue violada y asesinada aproximadamente una semana antes. Su cuerpo mancillado, golpeado, y en estado avanzado de descomposición fue encontrado fuera del territorio de Cherán en la carretera Carapan-Playa Azul, en Irapio, Michoacán.

El Consejo de Jóvenes de Cherán, publicó un puntual comunicado de alerta ante este feminicidio en el que no sólo se exige el esclarecimiento de este crimen, sino que se llama a la unión de las comunidades y los pueblos para resistir la boca sedienta del horror que no deja de acechar lo que crece, lo que se defiende, lo que vive. Los jóvenes de Cherán exigen justicia por las mujeres asesinadas, por los hombres desaparecidos, por todas las víctimas, que en este país se multiplican todos los días bajo la impunidad más absoluta.


Crónicas de la Ciudad de México: la ciudad de la esperanza 

"Después de cinco días desaparecido, Marco Antonio Sánchez Flores durmió en un hospital. Cuando por fin pudo ver a sus padres los abrazó, pero estaba tan desorientado que no pudo hilar frases coherentes, parecía ausente. Aunque fue sometido a una valoración médica durante casi tres horas, aún requiere de una tomografía y otros estudios para determinar la afectación física que tuvo tras la detención por parte de policías capitalinos el 23 de enero."

El reportaje de Animal político se puede leer aquí:

Marco Antonio durmió en un hospital, luego de 120 horas de vagar herido y desorientado

Marichuy y el Concejo Indígena de Gobierno

La lucha que da Marichuy y el CIG no es por las elecciones de 2018. Es por salvar a un país secuestrado por el crimen y la desesperación. Una lucha que no empieza ni termina con unas elecciones. Una lucha que busca levantar la voz de los que denuncian, sin dudas ni compromisos con poderes empresariales o partidarios, a los que viven de la violencia, muerte y explotación de casi todos los mexicanos. En esta entrevista de Paola Morales, Marichuy dejaba claro:
"No tenemos pensado aliarnos con nadie, porque ellos llegan al poder y se convierten en parte de este grupo que dice qué se hace en este país. Nosotros, de no completar las firmas y no poder aparecer en una boleta electoral, pues no vamos a dejar de seguir trabajando abajo, en las comunidades, en las ciudades, para seguir construyendo esa autonomía que se requiere. Nosotros no le vemos por otro lado."
La entrevista completa puede consultarse aquí:
Marichuy, una historia inédita con pocas posibilidades de lograr una candidatura a la presidencia

EZLN: 24 años de dignidad y congruencia ética
Porque los zapatistas no aparecen sólo cuando hay elecciones de la pluma del compa Gilberto López y Rivas:
"La última de las iniciativas surgidas en el seno de los mayas zapatistas ha sido la propuesta asumida por el Congreso Nacional Indígena de integrar un Concejo Indígena de Gobierno, cuya vocera, María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, sea inscrita en la boleta de las elecciones presidenciales de este año. Nuevamente, nos convocan a organizarnos para enfrentar a la hidra capitalista, al mal gobierno y a la partidocracia que lo sustenta. ¿Estará la sociedad civil mexicana, los trabajadores, los intelectuales, la juventud, principalmente, preparados para este reto que los zapatistas y el CNI nos lanzan? "
El artículo completo se puede leer aquí:
EZLN: 24 años de dignidad y congruencia ética 


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domingo, 25 de febrero de 2018

Primer Plano: Marichuy, elementos para una reflexión inevitable


Primer Plano: Marichuy, elementos para una reflexión inevitable

Por Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)

Los analistas políticos de esta mesa, llevada a cabo el 19 de febrero de 2018, expresaron previamente su simpatía, de manera más bien discreta, por Marichuy. El análisis que hacen aquí es insuficiente sobre todo porque se debe comprender no sólo las razones que causaron que el nombre de María de Jesús Patricio Martínez no apareciera en las boletas electorales, sino los logros y limitaciones de una iniciativa que jamás se concentró en competir en el proceso electoral de este año.

No deja de tener interés esta discusión que expone las denuncias que otros han mencionado. La discriminación económica, debido al requerimiento de un teléfono caro para ser auxiliar en la recolección de firmas, la burocracia puntillosa del INE, y la diferencia de recursos económicos y políticos con que contendieron otros candidatos «independientes» que sí consiguieron el número de firmas necesarias para aparecer en la boleta: Jaime Rodríguez, «El Bronco»; Margarita Zavala, «la Calderona»; Armando Ríos Piter, «el nomás vengo a ver qué saco».

En mi opinión, la mesa se la lleva Leonardo Curzio, pues apunta que ni las carencias técnicas ni la burocracia del INE parecen suficientes para explicar «el eclipse de Marichuy». Una de las razones, mucho más fundamentales, debe buscarse en el pragmatismo, que tanto se le reclama a los políticos, pero que es igualmente característico de la sociedad mexicana en general. Pragmatismo: eso y no otra cosa es el llamado «voto útil».

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lunes, 19 de febrero de 2018

AMLO y el yunque en las entrañas

AMLO y el yunque en las entrañas

Por Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)


Ayer domingo 18 de febrero, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) difundió la lista de suspirantes propuestos al Senado de la República. Un amargo sabor de boca dejó la postulación al senado de Nestora Salgado García, ex-presa política y dirigente de la policía comunitaria de Olinalá en Guerrero.  La historia de rebeldía y dignidad de Nestora parece diluirse en la inconsistencia política de un partido ya sumergido de lleno en el pragmatismo electoral. Un pragmatismo en el que las bases de este partido, ávidas de justicia y transformación, están destinadas a atestiguar las cuestionables maniobras políticas con que Andrés Manuel López Obrador quiere asegurar su triunfo en las elecciones presidenciales del 2018. 

Al mismo tiempo que a Nestora, MORENA postuló a Germán Martínez Cázares, un defensor a ultranza de Felipe Calderón Hinojosa y ex-presidente nacional del PAN. Es bien sabido: no es la única anexión incómoda. Baste mencionar a Alfonso Romo, Gabriela Cuevas y el Partido de Encuentro Social (PES), entre los muchos correligionarios de AMLO que provienen de lo que él solía calificar como "la mafia en el poder». En las redes ya es casi un meme el poder de purificación y la capacidad de perdón del tabasqueño.

En mayo del 2008, VANGUARDIA le hizo una entrevista a Martínez Cázares en los tiempos en que AMLO se defendía del fraude del 2006. Al ser cuestionado sobre la influencia en el PAN de la organización de ultraderecha «el Yunque», Martínez Cazares confesó sin ambages:

"Todos tenemos un pequeño yunque que llevamos dentro".

Una frase especialmente adecuada para el PAN de esos días y muy posiblemente para el partido de Andrés Manuel López Obrador en el 2018.

Otras citas memorables del hoy candidato de MORENA son:

"El único presidente legítimo es Felipe Calderón".

-A ver ¿qué le ha hecho el Peje?
"Mucho daño al país, a la convivencia entre los mexicanos".

-Por cierto, ¿cuánto falta por pagarle a la maestra Elba Esther?
"La maestra Elba Esther está haciendo las cosas muy bien para modernizar al sindicato y para apoyar las iniciativas del presidente Calderón".

-Por cierto, ¿por qué le temen dialogar con el EPR?
"La izquierda da cobertura a los que se levantan en armas. El PAN sólo le da cobertura a los que para transformar a México se levantan temprano".

La entrevista completa se puede consultar aquí.

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